Para ello estuvieron haciendo pruebas con dos voluntarias de 30 y 39 años con talla 90D y 95DD respectivamente a las que pusieron a correr en una cinta con un sujetador dotado de este tejido especial, primero a unos 7,75 Km/h y luego a unos 11 Km/h.
Los resultados de las pruebas son que cuanto más pecho tiene la voluntaria, más se mueve este al correr, o, según dicen en el artículo publicado en Journal of Biomechanics:
Según aumenta la masa del pecho, el momento de balanceo del pecho también aumenta, ejerciendo grandes cargas sobre los tirantes, y a su vez, presión excesiva sobre los hombros de quien lleva el sujetador.
Lo que a mi por un lado se me antoja de una lógica aplastante (ya se sabe aquello de que cuanta más masa…) y por otra no deja de ser física elemental, por aquello de que la energía cinética de un cuerpo es igual a ½mv² (la mitad de su masa por su velocidad al cuadrado).
Ahora que imagino que los estudiosos científicos de Wollongong se lo habrán pasado teta haciendo el estudio, claro.

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